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En la brújula rota de la nada
una mano con sus guantes de hielo
teje un poema en el rumbo del frío
del tiempo que evoca los ritos de amor.
Se quiebran los sueños en sus desechos,
como una copia inmensa de la noche
que amanece en la sombra de la bruma.
Con un enojo repentino y brutal
la muerte me abraza tras la ciega luz
albergando en su misterio profundo
los secretos que dan voz al poeta.
Sonidos más allá de los los enigmas
redimen al suicida en su espejismo.
Y ahora dejo marchar hacia la vida
la tristeza que se anuda a mi alma,
Y recito en silencio
todos los versos que duermen conmigo
en submundos de quimera e ilusión.
Manuel Martínez Barcia
Ciudad
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Ahora sé que en la ciudad fugitiva hay olas
que arrastran un mar de recuerdos, ciudad
sin norte que se eleva por las raíces del aire,
con alas de cen...
Hace 2 días


















