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La bruma ha raptado los secretos de la luz
y una sombra sin cuerpo
se pierde en el destino de la melancolía.
El sueño inacabado se suicida en la noche.
Ya no cabe en el mundo la extensión de los cielos
y se deshace el calor, de su origen al viento,
igual que una secuencia de memoria del fuego.
La nada sí es todo. Una tumba del aire
en donde resplandecen fantasmas del recuerdo
con esos alaridos de gritos de nostalgia
tras los ojos del tiempo.
Cuántos hijos sin nombre allí hubieran nacido,
cuánto olor sin perfume tras la vida que cesa,
cuánta sed sin nosotros y su presagio de amor.
Pero aún tengo un no existir más allá del deseo,
forjado en la mirada del vacío
y en los surcos arados por los sueños,
donde muere la muerte
erguida tras su inútil transparencia.
Manuel M. Barcia
Como Kierkeggard
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En la hendidura el magma de la fe.
Ni catedral insomne
ni gemas en la cruz
ni el blanco del armiño.
Solo la fe como una espada de fuego.
Y el yo...
Hace 2 horas






