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domingo, 13 de enero de 2013


Amores imposibles



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¡Te digo que te amo!
y que nunca me voy a arrepentir.


No son palabras mías,
porque yo del querer
soy tan libre albedrío
como arrepentimiento.

Son fragmentos de amores imposibles
que se pueden fulgir
abiertamente; vientos en temblores
con grito de emoción
que jura la pureza de lo eterno
en vértigos del ser,

sin tiempo de respuesta en el amado,

quizá por evasiones,
o porque no hay Amor
que dure las caricias
del flagelo en un látigo que Calle,

si tan sólo conversan
los ecos de un poeta silenciado.

(Hay cielos con inmensa negritud
de falsos Rafaeles,
tan fea desnudez
y con el culo al aire)




Manuel M. Barcia

Fuga de talentos



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Como un viento que sopla bajo nieve
para siempre inmigrar
las lluvias que se alejan del otoño,
fluyendo de la piedra
juventud,
sin fuga de talentos,

y el aire que sustenta bajo piel
la etnia de un país,
y a sus hijos, sin hambre ni dolor,

-las únicas urgencias que le importan-

ya después los climáticos errores
y el tiempo que ha pasado,

porque a veces,
el destino de un César
y la vil puñalada de un traidor
y brutos que comprendan

no son la misma cosa.



Manuel M. Barcia



sábado, 12 de enero de 2013


Triunfan desasosiegos



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Sobre un tablero cristalino y ciego,
que no palpa, no late, no respira,
se desnuda el instinto que conspira
palabritas de fuego.

De: Jaque mate al sosiego (Morgana de Palacios)





Tú juegas con ventaja,
sabes tanto de mí,
que podrías matarme con envites,
mirándome a los ojos por detrás
y hurtando mis faroles,
sin que pudiera apenas defenderme
de tus habilidades,
tan intenso-morgánicas
que indultan
de sangre a las querellas.

Así que he de pintar
mis ases en tu boca,
y ataviarlos de suerte repentina,

o acaso sorprender tus intenciones
con la magia, tejiéndote ilusión
sin nudos en la soga,

no fuera que tu embrujo
pudiese chamuscarme de quimeras
ardiendo el mismo fuego.

Y mientras mentiré,
mostrando tatuajes
con letras manuscritas
en fábulas de ti,

sin moraleja.




Manuel M. Barcia




En otra libertad



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No sólo hay un voyeur tras los barrotes.

He fabricado selvas para mí
con luz y sin ventanas.

¿Para qué lo salvaje
en otra libertad?

... Tal vez para olvidar que soy un hombre
con instinto animal,
o acaso escribir la poesía
con nombre de mujer,

-la etnia de un amor en lo sutil-

o porque nunca quiera
en mí al maltratador,
por débiles y vanas que parezcan
mis credo-confesiones.

Pero nunca leerás
la sangre que no sea de mis venas,
por mucho que yo finja ser suicidio
con verbo seductor en ritos de la muerte,

ni laureles que duerman en mis sueños.

Por eso, indiferencia.




Manuel M. Barcia




Guardián de soledades



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No tengo Ditirambo que ofrecer,
allí mi alma entera
ocupa todo.

Pero sí una llave
capaz de desabrir todas las puertas,
incluso los dinteles de la sombra
cuando es fría la luz
que traspasa el umbral del corazón
con latidos de nadie,

para inspirar poemas
que fluyan solamente soledad
por únicas razones.

Es un pobre regalo
mi herencia en lo que soy,

pero entrego en tus dones la existencia
y cuarteles de mí

para irradiar sonrisas en tu boca
sin la culpa de un beso.


a Luz





Manuel M. Barcia





Celos (a)



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El alma dolorida

y la luz sin saber donde posarse,
tan honda la raíz
en el lumpen voraz de antiguas sombras.

Esos gritos que hostigan a tu mente
no tienen corazón

-se nombran celos-

o atributos del mal
campando libremente sinrazones,

hasta lo oscuro
casi.



Manuel M. Barcia




Indiferencia



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Quiso retroceder mi sombra las distancias
que separan la noche
de luces al partir.

No pudo caminar
el azul de los tiempos
que asemejan senderos en diciembre
sembrados con las huellas de la huida,

y el invierno que vierten los adioses
con pétalos de luto entre las rosas

y el hielo en la oquedad de aquel jardín
donde antes la lluvia
fingió ser almanaque de los sueños,

y en su lago, los cisnes,
también con gavilanes y palomas
surcando paraísos de palabras
al viento,
con alas de inocencia.

No pudo navegar sobre sus aguas
sin golpes de la muerte en el timón,
latiendo sus orillas con desdén
e indiferencia,

lo que adentro más duele,
y sin embargo,

hay sombras que al morir ya nada esconden.



Manuel M. Barcia



jueves, 10 de enero de 2013


En una mancha



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A veces imagino las gentes de un país
tan sólo en una mancha,

teñida de quijotes
que comulgan a solas
con molinos de viento...

y cerros con políticos volando,

o acaso fueran brotes de arcoiris,
tan verde  lo humeante
que fumaban.




Manuel M. Barcia




Reparaciones



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Reparo desajustes del reloj
y espacios, tan perdidos,

memoria en lo que fui
la presencia que gira universos

de luz, tan derrotada.




Manuel M Barcia



miércoles, 9 de enero de 2013


Fragmentos de piel



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No caben en vacíos de memoria
los sucesos de ti
y el abandono.

Hay etapas que niegan discurrir
el paso de los otros
sintiendo compañía en soledad

-tan sólo como excusa
de un destino infeliz-

y noches que devoran
la sed del corazón de los amantes
en el vórtice oscuro de algún sol
que amanece al ocaso,

y fechas de almanaque mutiladas
con fragmentos de piel
que arañaban la luz del interior,

antes de que el silencio,
con gritos de perdón,
te reclamase.




Manuel M. Barcia



martes, 8 de enero de 2013


Memoria



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Mientras sueñan la luz
los párpados silentes de tu esfera,
yo custodio la noche
con ángeles caídos del recuerdo

y abril
emancipado de la sombra

y el tiempo perdurable
que a solas me conoce

tan sin patria.




Manuel M. Barcia



lunes, 7 de enero de 2013


Sin victimismo



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Me han dicho que parezco
Arcipreste de Hita con un chicle en la boca,
y voz de una mujer,
y a veces, Calderón, y el dueño de Platero.

Incluso han comparado mis poemas
con el genio de Whitman,
-que más quisiera yo-
y alardes de Miguel, cuando gritan en mí
universos culpables de dolor
en las inspiraciones.

También me han encumbrado
en la soberbia,
sin más explicación en tal altura
que objetar mis delirios de grandeza
cuando soy en los versos
el  resplandor oculto de la luna,

y apenas Ditirambo donde huir
la reflexión, mis noches estrelladas
bajo el frío del alma,
congelado en Dioniso, tan adentro.

Tal vez nadie comprenda
mi oficio de escritor
como una confesión de pretensiones:

Obrar con sencillez,
sentir en los afectos de mí mismo
diálogos con dioses que no existen,

y a veces,
sólo utópica esperanza
donde sea factible
un embrujo de fuego
sin actos de ilusión,

o acaso un teatro que no cierra,

porque yo soy telón de lo invisible
que sueña ser humano,

sin gloria por la fe,
sin victimismo.




Manuel M. Barcia

Azul alrededor



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Acaso fuera yo quien apagase
los días de mujer que avistan sol
tras la llovizna fresca
del aire vespertino en los balcones.

Revolotea enero
las huellas imborrables de la luz
emboscada de otoños,

hasta ser foto en sepia,

y horas despintadas en un lienzo
con amor en la nieve

y azul alrededor

para incitar pasión en los aromas
que furtivos, criaron madreselvas
bajo la calentura de la noche

y el sudor
que resbala de los sueños
lo que se ama por primera vez

entre diluvios casi.



Manuel M. Barcia



sábado, 5 de enero de 2013


Tan sólo era magia de los Reyes



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Rocé con sutilezas el cartel
que acaricia tu puerta.

Había en el deseo de tu voz
ese mar de palabras
tan sólo concebibles en letra de mujer
angustiada por cárceles sin luz
que buscan libertad
desesperadamente,

acaso pretendiendo retraer
silentes calendarios
con el orgullo limpio de la espera
que custodia la flor
en las fechas de abril, interminables.

Tal vez fuese la magia de algún rey
el lazo del obsequio:

Tu amor de corazón y mil estrellas
temblando armonías
para siempre.




Manuel M. Barcia



viernes, 4 de enero de 2013


Amores sin leyenda



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Tres voces que maldicen
la fe del escritor,
y todas enviándome al carajo
con luto en la soberbia.

Pues si he de morir
que sea dignamente sobre fuego,
sin luces de artificio,

tan sólo la reseña
de un olvido

sin rezos, sin disturbios menstruales
de amores sin leyenda,

si acaso una musa de perfil
con sílaba final
en el no por un beso

que oficie la dureza de un labio despintado,
con mármol entre dientes.




Manuel M. Barcia





jueves, 3 de enero de 2013


Búsquedas y ausencias




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Salgo a levitar
 inspiraciones


(si no hay aire, vuelvo)














Lo promiscuo en la sed



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Dicen las otras lenguas
que nunca satisfacen las palabras
lo promiscuo en la sed,

ni siquiera con ébano en cristal,
si de África hablamos,

o de anchuras del Nilo
hasta desembocar
azul mediterráneo, si antes cupiese
el todo de mi lluvia
en fértiles desiertos anegados.

Pero yo no proveo de bóvedas celestes
a diosas sin maná,
solamente soy luz en lo invisible
capaz de redimir a los hambrientos
con aires de armonía,

y un abrazo que finge sanación,
aunque sea tan sólo
metáfora de sombra
conmigo a contraluz en tu silueta.

Porque ya eras océano y feliz,
antes de que yo fuera
trasvase del silencio

en la voz de tu intrépida aventura.




Manuel M. Barcia




Sobre huellas convexas



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El escritor asiduo
de tanto andar
por el pasto de la imaginación

hace caminitos.

(Héctor Michi)






No hubo paradigma
entre mis pies y yo.

Jamás creí las dudas salvación.

Ser
o no ser,
tamaño disparate...

Demencia significa compañía
y espejo por sostén
que aglutine a los solos,

andar sin soluciones
sobre huellas convexas.



Manuel M. Barcia.







Hechizo de fuego



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Sembré con los misterios de la noche
la flor de tu orfandad

y torrentes de luz
que nos fluían
bajo la incertidumbre del temblor

y luego cataratas

y gotas de rocío
al besar
nuestra lengua de fuego los pálpitos de nieve,

como laten al sol
las hojas de almanaque sin invierno,
día y noche abrazados,
mi piel junto a tu piel
sin extravío.

Cabían en aquellas estaciones
crepúsculos de mí a tumba abierta,
y tú
entre las fechas más calientes
ardiéndonos sin fin,

vaivén de las caderas
muy adentro.




Manuel M. Barcia



miércoles, 2 de enero de 2013


Ecos de improcedencia



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aunque yo no te nombre
siempre estás
epidermis que excita los adentros
con labio de pasión
y caricias de luz en mis papeles

ardes mi libertad
con fervor en el duelo

ahuyentas de mis ojos la ceguera
como un faro vigía
que pretende mi ser
irrenunciable

y allí
solo me miras
turbando en los amantes la quietud
con susurros de nadie
y gritos de advertencia
en las voces del caos

para inducir la magia
en mi silencio
y que vuelva el amor
con repiques de mí

los cánticos que pueden escuchar
aquello que tú eres

acaso una intuición sin procedencia.



Manuel M. Barcia