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Me asaltaba tu sombra como una enredadera
lamiendo las heridas en sí misma.
Te he encontrado a la vuelta de la nada
donde el tiempo se abraza a la soledad.
Estabas como entonces,
pero usada ya, sin fuerza en tu llama,
y con la mirada rota de los abandonados
mientras mudan los ardores de lugar.
Y sigues sin saber porque anochece,
y, luego, sólo piel desorientada
donde habitan las almas separadas.
Por eso no eres mía,
porque estás en el centro de lo eterno,
tumbada en su infinito
cuando el viento nos alza, o te asola,
y eres lejanía que se fuga
como un eco de luz en movimiento
entre lazos de quietud.
Manuel M. Barcia
En el acuario infinito del olvido
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Mi expediente proyectaba una sombra líquida
que mojaba las paredes del tiempo.
En sus reflejos, tu rostro era un espejo vacío
y yo solo el eco...
Hace 7 horas
3 comentarios:
Un poema que no entendí en la primera lectura y ahora empiezo a entender.
A veces me suceden esas cosas.
Un beso
y un
lo siento
Ana
Es de los que cortan la respiración...
Cuanto tiempo llevas arrastrando el dolor... demasiado.
Besos
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