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Soy nota de un acorde incompleto
que viene a socorrernos
pulsando el corazón de tu silencio,
inmerso en nuestra orquesta que amanece.
Ya no tienes poder para ausentarte,
y guardas sin embargo en la frontera
los cantos que anteceden al milagro.
Una misma pasión nos instrumenta
mojados en la piel que compartimos,
rebosante de humedad
la sed en donde beben las entrañas.
Y de pronto surges tú,
la alegría inundada de deseo,
compartida, ansiosa, desbordada,
entonces manas agua enfebrecida,
tus hilos conductores me recorren,
y en el cauce de los dos, sólo espero,
que la lluvia sensorial sea tuya.
Manuel M. Barcia
La gran tarea
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Como armar del todo el mayor mecano del mundo.
O poner la última pieza de un puzle inmenso.
Así son los instantes que justifican una vida.
Pocos y apare...
Hace 11 horas
























