Vivía en un mundo de diseño,
con nubes seductoras carentes de algodón,
en medio de los vientos hacia ninguna parte.
Tenía por mascota un ente virtual,
varios juegos de rol
y autómatas de tiempo programable
flexibles al entorno según ambientación.
Quería ser guionista de Star Treck,
viajar las dimensiones siderales
en busca de destinos aún por descubrir.
Murió atropellado por un niño
que iba velozmente cabalgado
a lomos de sus piernas,
no fuera que un centauro le alcanzase.
Escrito en su epitafio se leía:
¿Por qué?
Manuel M. Barcia
El hombre esperanzado
-
Quisiera dibujar en el cielo signos evidentes
de que llega la aurora, el fulgor de un matiz
que indique la vía que marca la diferencia
entre la lu...
Hace 13 horas
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