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Hay un niño vencido por el sueño,
condenado a ser hombre que contempla
un futuro de agónica sentencia.
Invoca a los dioses en silencio,
con los ojos cerrados,
inmóvil, con lágrimas derramadas
por cauces de dolor al desbordarse.
Nadie acude en su ayuda,
los gritos de la noche no se calman
y andan sueltos sin control.
Y busca todavía lo imposible,
a la sombra que es luz en su sustento,
para que huya,
para que nazca al fin sin darse cuenta,
tan sólo necesita
su vida en la mirada de otros seres.
Manuel M. Barcia
Cada contractura es como un árbol rebelde
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Igual que quien se alza contra el orden impuesto
un día te negaste a tu condición de músculo,
y de ti nació el dolor como un tallo de piedra.
Ya no ...
Hace 10 horas
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