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Hay un niño vencido por el sueño,
condenado a ser hombre que contempla
un futuro de agónica sentencia.
Invoca a los dioses en silencio,
con los ojos cerrados,
inmóvil, con lágrimas derramadas
por cauces de dolor al desbordarse.
Nadie acude en su ayuda,
los gritos de la noche no se calman
y andan sueltos sin control.
Y busca todavía lo imposible,
a la sombra que es luz en su sustento,
para que huya,
para que nazca al fin sin darse cuenta,
tan sólo necesita
su vida en la mirada de otros seres.
Manuel M. Barcia
Dame
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Dame la tiniebla del agua, el manjar insólito que tras el ardid
se viste de ángel, la fiebre del azulejo cuando la luz rompe
en lloro de claridad sobre el...
Hace 5 horas
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