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Los ojos invisibles de Da Vinci
miraron tras la umbría de la noche
las señales del código secreto
que existen más allá de los enigmas.
Los signos del misterio
duermen, sueñan, se esconden
en música callada,
melódicos instantes
de claves orquestales
en alas del silencio.
Manuel M. Barcia
Dame
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Dame la tiniebla del agua, el manjar insólito que tras el ardid
se viste de ángel, la fiebre del azulejo cuando la luz rompe
en lloro de claridad sobre el...
Hace 5 horas
2 comentarios:
Fantástico poema, Manuel.
Me encanta lo sugerente que es.
Un beso grande de meiga que te sueña.
Ana
Tu opinión es importanta pra mí, meiga.
Gracias por tus palabras.
Un beso
Manuel
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