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Venía mansamente
y aceptaba;
mías eran sus noches
y la luz penetrante
que tupe las pupilas del silencio,
y la imprudencia atroz
de caer en sus ojos sin nada que ocultar.
Mi alma era guardián de lo que cesa,
un instante fugaz,
desnudo de invidentes
y el exilio.
Manuel M. Barcia
Ciudad
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Ahora sé que en la ciudad fugitiva hay olas
que arrastran un mar de recuerdos, ciudad
sin norte que se eleva por las raíces del aire,
con alas de cen...
Hace 3 días
5 comentarios:
Exquisito.
Concha dixit.
Eso es mucho más que sabroso...
Gracias por tu inmenso paladar, Concha.
Un beso
Sus ojos te atraparon,como atrapan tus palabras; y de fugaz no hay nada aquí...
Gracias por venir, Resp.
Un abrazo
Estou encantada com teu belissimo trabalho! Parabens!
Estou te seguindo...adoerei sua visita.
beijos
vera portella
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