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¿A dónde se habrán ido los sueños de ñiñez?
¿Será el semblante fútil del espejo
su invisible quimera?
A veces falseamos realidades,
acaso por librarnos de temores y culpas;
para desenfrentar los pensamientos
del juicio en conciencia.
No queremos saber.
Preferimos vacíar los calendarios,
saltar por los relieves de la sombra
y asilarnos ocupas de otro ayer.
Pero nadie resulta imprescindible
cuando Nunca Jamás
transforma en laberinto la utopía
y siembra en los años desventura.
Tan sólo los que aran avaricia
se aferran con tesón a lo indeleble
que de las biografías,
nunca podrá escribirse:
La edad en que se plantan los metales,
cosecha del apego a las riquezas,
crepúsculo del hombre,
codicia y epitafio de la nada.
Manuel M. Barcia
Ciudad
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Ahora sé que en la ciudad fugitiva hay olas
que arrastran un mar de recuerdos, ciudad
sin norte que se eleva por las raíces del aire,
con alas de cen...
Hace 2 días
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