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Ya no soy como era,
tan semejante a ti
parigual en los celos y el amor
infeliz sin remedio.
Ha venido la edad del ciclo inevitable,
la hora de existir en la leyenda,
designio sin especie, oquedad en lo eterno,
el sino que embrujó por un instante
nuestras almas gemelas.
Sin embargo, aún rezuman los pliegues de la piel
aromas de alhelí y valles con tu sombra,
fluidos de mujer como prueba de algo.
Quizá sólo un jardín en mi existencia
con las flores caducas, crepúsculo en el cielo
y luces que hacen daño en la memoria.
Depósitos de llanto en soledad,
inmensas explanadas de dolor,
la imagen de la siega,
coronas de difuntos que sembramos
una tarde de invierno.
Manuel M. Barcia
Bach
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Y aunque parezca mentira, Bach tiene la clave de todas las filosofías. Su
apariencia engañosa de artesano burgués esconde la respuesta a todos los
mister...
Hace 43 minutos
2 comentarios:
Qué triste, Manuel.
El poema llega...
Un beso
Ana
La tristeza tiene eso, meiga, duele, se adentra y llega...
Gracias por dejarme tus palabras.
Un beso
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