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sábado, 13 de septiembre de 2014

Los ecos de un porqué






Rezabas tú maitines a la vida
ante el viejo baúl
acogiendo a la noche de un modo peculiar,
como si Dios allí fuera templo de sombras.

Imposible saber si fuimos extravío
mientras esa creencia me sostiene
tan cercano y tan fiel,

tan lejana esa luz donde salvarme
de presagios oscuros
y todas las respuestas que no tengo
al tú interrogante,

quizá porque no exista.

Nadie fui, nada soy,
apenas un reflejo sin destino,
un ente fantasmal
que te acaricia
casi.


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porque tú eres mi rezo en la mujer
y luego la expresión de lo intangible

porque no sé vivir
sin tu ardor en mi piel
capaz de adivinar
la sed de la liturgia en tu misterio

porque soy resonancia
del eco de tu voz
y a veces el cristal
que ilumina la sombra de tu espejo

porque filtras la noche sobre mí
haciéndome energía del amor
y tacto del Nirvana

porque somos los dos espíritus sonámbulos
pretendientes de un alma
que amanezca común
orígenes del cosmos intimista

porque no sé mentir
cuando estás en mi adentro
no pongas en mi nombre
la tilde un ayer
que suponga renuncia

porque yo quiero ser un contravuelo
contigo en juventud

también buzón vacío
en tu lista de avisos.


---


Escribo predicción oracular
mientras tú das calor a la inercia del tiempo
con giros navideños y fogones.

Regresas a mi vida sabiéndome infeliz
por ser irrealidad de un calendario
que niega tu presencia bajo un árbol que anuncia
noches buenas y amor
y después esa paz tan tierna como inútil
cuando somos invierno a punto de extinguir
la quietud que evidencia
un extraño paréntesis
disculpando a los muertos
vencidos por la guerra.

No es culpa de nosotros ese lento fluir
de los días sin causa,
yo crezco amaneceres cada noche
y aproximo el futuro
al amparo de ti,

hago pactos con Dios para ser esperanza
de mi suerte en tu suerte
y un cosmos que transmute claridades
haciéndonos historia sin final

un deseo sublime
un temblor verdadero.


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Quién sabe donde empiezan los otoños
su periplo lunar cuando el sur me agasaja
con luces y crepúsculos que yo ansío de ti
tan silenciosamente.

Que fácil es soñar tu compañía
haciendo del amor una costumbre
que se repite fiel,
como el mar rinde culto culto a las arenas
a golpe de tesón,
sin embargo, caricia en el el desagüe.

La  noche parte en dos el porvenir,
tú eres la mitad que me destina
a ser carro de fuego

y después la ventisca que no cede,
la bruma al clarear,
los surcos de la siembra,
los verdes de la vid
y las higueras.

Ya ves que mi razón sólo es locura
pretendiendo tu sitio en mi lugar
con miel entre los labios,

un invierno que siempre sea abril
y vuelo de invisibles mariposas.


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En el clamor de nuestra cita a ciegas
no hay notas del silencio que se vierte
entre la oscuridad, ni tampoco la música
que tiembla los olvidos.

La pasión nos enseña la forma de intuir
sentimientos del otro,
imágenes que nunca llegarían a contemplar el sol
si no fueran tus sueños en la noche
velamen de mi piel
mientras escribo aire
y ardemos interiores de cristal
con querencias de luz
el destello de un verso
y a veces un poema

y también esas cartas que recibo
con remite de ti,
completamente jueves y belleza.

En ciertas ocasiones
tapio a cal las ventanas,
tan sólo por saber si eres traspaso,
lugar donde alumbrar
la espera interminable de tu voz

el grito de blancura que liberte
las sombras de mi encierro.



mmb


5 comentarios:

Elsa dijo...

Quién pudiera ser réplica de ecos
intangibles, carruaje de fuego y carta con remitente de belleza...
Muy bello !!

María José Collado dijo...

Hay un pulso que late entre luces y sombras. Realidad y deseo contrapuestos. En estos versos la luz consiguió que dos orillas se besasen. Un abrazo.

Anónimo dijo...

"porque tú eres mi rezo en la mujer
y luego la expresión de lo intangible

porque no sé vivir
sin tu ardor en mi piel
capaz de adivinar
la sed de la liturgia en tu misterio...."
Hermoso este poema y "te deletreo mujer" también, más hermoso me parecían si lo hubieras escrito pensando en mí.

Besos

Manuel Martínez Barcia dijo...

Supongo que cualquiera puede ser esa réplica, Elsa, tan sólo debe oír los ecos del silencio.

Muchas gracias por tus cálidas palabras.

Un abrazo.

Manuel Martínez Barcia dijo...

Siempre sabes dar broche a las palabras, María José, enjoyar con tu estro las baratijas de un poema.


Gracias por estar. Un abrazo