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viernes, 13 de febrero de 2015

Entender y entenderse







Soy nieve
y este invierno no para de arrojarme las piedras
que tienen vocación de ser aludes.

Rosario Alonso




El alma nieva a veces soledad,
es como si vistiera los inviernos
de insípida blancura, con rostros fantasmales
que gritan el silencio sin pasión,
es como si los pájaros volaran
sabiéndose del sur contracorriente,
sus alas sin calor
en lo contrario.

Yo escucho en lejanía los ecos de tu voz,
la música en quietud y una nota escrita
con vientos de la tarde,
una marcha orquestal
con temblor de palabras,

un álbum de la infancia
pretendiendo la noche
y la intención de ir
hacia los cardinales de los sueños.

--

Recuerdo aquella vez en que fuimos la fuga
del sol bajo diciembre,
disputas invernales y el dolor,
enjambre de la rosa
y luego luz,
los dos sin equilibrio.

Entender y entenderse,
ese fue nuestro lema,

como un acto de fe
que nos duerme sencillos,
tú en sueños de cristal
y yo en las barricadas de la noche
pensándote la imagen de mi sombra
para ser espejismo en lo perfecto.

--

Incipientes en fuego de la hoguera
ceniza hemos de ser,
sin embargo,
también esa pasión que nos consume
ardiendo la palabra,
la clandestinidad de los inviernos,
relámpagos de sol
en las entregas.

No hace frío en mis versos,
tú me haces sentir
calor de otro poema,

acaso lo pueril de tus candores
sabiéndote mujer y luego fragua,
luz íntima de Venus.

Hoy no tengo temblor
adentro de las sienes,
está mi corazón oyendo música
preñada de silencio,

tus manos acarician un violín
mientras suenan los copos de la nieve
un vals de lluvia lenta

la voz del viento
y sombras.



mmb