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domingo, 5 de abril de 2015

El rompimiento








Ardiente ya en la fragua, despuntas hacia el sol
la raíz que nos tiembla, tersamente salvaje,
como si fueras piel que anuncia su condena.

Coágulos de luz pretenden sostenernos
donde el tiempo es mortal,
inmóviles los dos sobre su presa,
apenas un presagio de la gran combustión
a punto de quemarnos para siempre.

Pregúntale al calor si es encantamiento
mi embrujo inexplicable,
ese batir de alas que gira tu locura
volándonos la sien,

gravedad de un anhelo si te toco
mientras eres errante despedida.

--

Bipolares tú y yo
juntando lo imposible,
la fórmula de un caos que habite la ceguera.

Si hablase la quietud, si fuéramos mudez
en las revelaciones del silencio,
si esa soledad quisiera aún vivir
lo que mana tu luz
eternamente,

si pudiese airear lo que no vuela,

mi sombra bajo el sexo,
un rito del amor
transpirando tu esencia de mujer
con plagios de un suicidio,

ese fin que tan lento nos diluvia,
que aúlla tu simiente...

--

Nada queda de ti
cuando el río del llanto
desborda mansamente nuestro ardor
sin fuego que resista.

Sangré mi corazón buscando entre las sombras
un hálito de vida, los duendes de la luz
allí donde tu fuiste sortilegio,
mi cómplice y la sed,
el pulso de las horas en lo amado.

¿Sabrá ese reloj
juzgar lo clandestino que ahora nos contempla?

Jugamos a ser dos en uno solo,
alterando las reglas que establecen
las normas del querer,

nos hicimos costumbre,

hacedores del bien y compañeros,
sin embargo, olvidamos,
llenar la soledad de compañía,

el último destello
cuando ardemos al sur las transparencias
con esperma de nieve.




mmb



2 comentarios:

Lumy Quint dijo...

Me han gustado mucho los poemas, Manuel. Me encanta tu lirismo, tu bien hacer y tu sensibilidad. Un abrazo

Manuel Martínez Barcia dijo...

Gracias por tus palabras, Lumy, me alegra mucho saberte por aquí.

Abrazo.