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A un hombre que temía volar,
le implantaron un chip de brisa leve
y alas de Ave Fénix
y brújula de norte bipolar,
laberintos y esferas.
Nunca supo cual era su destino,
surcó sobre las nubes mil estrellas,
viajando sin cesar
en busca del origen de la vida.
Tan sólo regresó a ras de tierra
cuando el soplo de un ángel
le hizo comprender
que dioses y humanos son únicas raíces
creciendo por el cosmos
luces y resplandor,
su propia biología existencial,
el justo equilibrio
en que tiempo y espacio
gravitan universos sin materia
y una ley superior, impide su caída.
Manuel M. Barcia
Tengo el cosquilleo imaginario en las manos
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Tengo el cosquilleo imaginario
en las manos,
manera elocuente
de escribir los te amo
y los te quiero
sin puntos ni comas,
solo con el ing...
Hace 28 minutos
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