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A un hombre que temía volar,
le implantaron un chip de brisa leve
y alas de Ave Fénix
y brújula de norte bipolar,
laberintos y esferas.
Nunca supo cual era su destino,
surcó sobre las nubes mil estrellas,
viajando sin cesar
en busca del origen de la vida.
Tan sólo regresó a ras de tierra
cuando el soplo de un ángel
le hizo comprender
que dioses y humanos son únicas raíces
creciendo por el cosmos
luces y resplandor,
su propia biología existencial,
el justo equilibrio
en que tiempo y espacio
gravitan universos sin materia
y una ley superior, impide su caída.
Manuel M. Barcia
Ciudad
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Ahora sé que en la ciudad fugitiva hay olas
que arrastran un mar de recuerdos, ciudad
sin norte que se eleva por las raíces del aire,
con alas de cen...
Hace 3 horas
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