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A un hombre que temía volar,
le implantaron un chip de brisa leve
y alas de Ave Fénix
y brújula de norte bipolar,
laberintos y esferas.
Nunca supo cual era su destino,
surcó sobre las nubes mil estrellas,
viajando sin cesar
en busca del origen de la vida.
Tan sólo regresó a ras de tierra
cuando el soplo de un ángel
le hizo comprender
que dioses y humanos son únicas raíces
creciendo por el cosmos
luces y resplandor,
su propia biología existencial,
el justo equilibrio
en que tiempo y espacio
gravitan universos sin materia
y una ley superior, impide su caída.
Manuel M. Barcia
Las cenizas del tiempo
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Yo también fui juventud y tuve hambre de vida;
no puede el tiempo explicar el ansia de lo que fluye
y marca con sombras ajadas el transcurso leve de...
Hace 6 horas
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