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Te observo con desgana,
aún ensangrentado de pereza.
Fluyes
por entre las rendijas del silencio
como un instinto leve que me atrapa
y liberta a la vez,
muy lejos todavía de llegar a la escena
donde claman derecho existencial
miles de interrogantes.
Y mientras eres nadie,
al sueño pertenezco.
Y a las musas tempranas
que asombran las palabras en mi mente
vagando por la luz
inspiraciones.
Manuel M. Barcia
La taberna
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Ese círculo que deja en el mármol el poso de la taza,
la sed sin piedad del humilde, el rumor tibio de los
diálogos al atardecer, los espejos quebrado...
Hace 7 horas
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