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Era un ángel hermoso, y he caído.
Aquí no hay paraísos ni sombras de mujer,
mis alas abandonan el espejo,
sólo mi enfermedad
mientras tú nos elevas.
No existía el amor
¿Qué fuerza es ésta, qué pájaros revuelan la triste redención?
Quieren volar tu nombre habitando mi lecho
con nidos de dolores.
Manuel M. Barcia
Relato XXIX - Un ladrillo esperando en la pared
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La vida en el hogar se organizaba en grupos. Cada uno estaba bajo el mando
de un orientador, una figura de autoridad absoluta que dictaba las reglas...
Hace 6 horas
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