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jueves, 29 de noviembre de 2012

EL MOLDE DE LA FLOR



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Un vibrato de seda,
trascendido

Jordana Amorós




Cabían en su ardor crepúsculos de tiempos indomables
y esa tenue luz
que renace febril partículas de fuego,
para prender el aura,
para anidar allí el beso de cenizas
heredero de un  labio en mansedumbre
que fue edad del exilio.

Reclamaba la flor
el roce de los tallos invisibles,
desvelando la fría soledad
de amor sin existencia.

Sobre la nieve un templo,
sin otra latitud que la del corazón
y el ámbito que anuncia primaveras
lentamente, la única estación
tras el anochecer de nuestra lumbre

y el éxtasis de ti en el silencio.



Manuel M. Barcia


2 comentarios:

Respirando entre palabras. dijo...

Tengo la leve sensación, que suele enloquecer lo que la realidad no nos posibilita.

Que quedó de aquella luz que brillaba entre la niebla?


Besos

anabel monasterio gar dijo...

fantástico poema, hermoso muy hermoso...un saludo