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Aún miran la eternidad
los ojos del destino tras el sueño anudado
cuando allí me contemplan los designios del amor.
Abierto en su mirada, a solas,
presente en la existencia
-en mi memoria
desnuda en la pereza del recuerdo-
observa como una luz de pasión vigilante
que en sombras viene y va, y que reclama
mis reflejos nocturnos sin materia.
El miedo merodea la penumbra
evocando el resplandor de la muerte.
La voz de la lujuria grita herida
con música obstinada en mi alma.
Y penetra mi oído,
porque logro escuchar esos sonidos
que no fueron audibles
en donde tu latir era el silencio.
Manuel M. Barcia
Amigas hasta la muerte
-
Allí están, como todos los días,
a media mañana
ocupando su sitio
junto a la cristalera
del bar de la esquina.
Hoy son diez- ayer once-
van mu...
Hace 2 horas
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