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Era un mundo preñado de belleza.
Estaban allí, en aquella geografía del silencio,
la esperanza que idealiza lo humano
y tú,
separados por la imagen del miedo,
que tiene la apariencia de los sueños
si llega acompañado del misterio
Tu duende, bajo un techo de piel sin oraciones
y yo,
lo nuestro que es un todo
conjugado en nacer y ser amado
Te di un sol ardiente,
los genes de mi especie en otro origen,
que son herencia eterna de los idos
en los niños que brotan de la carne
mojados por la lluvia del recuerdo
Me diste una herencia: tu futuro,
la luz que amanece en mi mirada
y que ahora es materia
en tu cuerpo de puntos suspensivos...
Manuel M. Barcia
La poesía que inventamos.
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¿Se sonroja el crepúsculo
Cuando mis versos acarician
El horizonte de tu boca?
¿O acaso el espejo de tus ojos
Finge la marea
Que en mis pa...
Hace 8 horas
1 comentario:
...y muchas gracias por ésto.De corazón.Él no tiene nombre pero tiene su poema.
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