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No existe libertad
ni eslabón que desate la cadena
si el esclavo no grita,
reclama el porvenir como un deber,
es dueño de su vida.
Sólo es libre aquello que vincula
al arbitrio de sí,
ética-mente
y noble sin excusa.
El sol
cae como nublado sobre lo que me indigna,
mi pulso es pesadumbre,
los sueños no son sueños cuando acaban,
y entonces resucita el pensamiento,
hay nudos enraizados de memoria,
firmes, indestructibles,
sin nadie a quien atar
y muy atados.
Manuel M. Barcia
Poema del día: "En la tumba de Penyo Penev", de Zlatomir Zlatánov
(Bulgaria, 1953)
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Ante el edificio inacabado me levanté,
aquеl, con el que la ciudad terminaba.
Solo el fuerte viento al atardecer
me recuerda el cerro anterior que yacía an...
Hace 10 horas
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