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Antes de ser el fuego
la lluvia fue el instinto del diluvio,
lo fértil del amor, sus gotas de rocío,
la mácula en el iris de la luz.
Desconocíamos la noche,
y también la tristeza
que habita el corazón cuando estalla el vacío
inútil el placer, soledades y llanto.
Y sólo tú sabías concebir el embrujo,
la sangre que derrama en las entrañas,
- ardíamos los dos en brazos de la muerte -.
El aire cicatriza las nubes que originan manantiales,
el tiempo inexistente en el misterio
la urdimbre que nos teje y momifica,
la sombra en las edades.
Manuel M. Barcia
Poema del día: "En la tumba de Penyo Penev", de Zlatomir Zlatánov
(Bulgaria, 1953)
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Ante el edificio inacabado me levanté,
aquеl, con el que la ciudad terminaba.
Solo el fuerte viento al atardecer
me recuerda el cerro anterior que yacía an...
Hace 10 horas
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