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La cruenta conversión del agua en fuego,
la médula y la sed,
la dulce mansedumbre que posterga.
Dos lenguas tan ansiosas de lamer lo insaciable,
la voz de los suicidas que se ahogan,
un grito impronunciable en la garganta.
No es fácil silenciar los gemidos sin dueño,
el instinto voraz de ti sobre mi piel
insaciable, vital,
tan proclive al amor,
solsticio en la inmersión de tu verano.
No es fácil discernir tu muerte y la ternura.
Manuel M. Barcia.
Poema del día: "Capitalismo tardío", de Zena Agha (Palestina, 1992)
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aún joven despierto
oigo el océano
en este estado de continua
fuga me inclino
escucho el agua
correr y luego posesivo
en la mezquita de Kilburn
un hombr...
Hace 7 horas
2 comentarios:
Qué bien escribes, Manuel.
Te dejo un beso de meiga
Ana
Es un elogio inmenso viniendo de una musa como tú...
Gracias por tu cálida palabra, meiga.
Un beso
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