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domingo, 15 de junio de 2014

15614



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La numerología
es de todos los símbolos
quien mejor dramatiza los finales.

¿Cuántas letras podrían insculpir
los gestos de un adiós
que perdura en palabras
mientras yo soy caída del presente?

Acaso este poema sea unidad
de relojes sin tiempo,
una fecha vacante,
la exclusión del amor

y estas cifras tatuadas en mi piel,
para que tú no puedas pronunciarme
desvalido y sin dueña,

irredimible casi.





mmb



6 comentarios:

María José Collado dijo...

Los adioses sin palabras,
tienen la consistencia gris
del humo entre los labios.

Manuel Martínez Barcia dijo...

Qué poemazo te ha salido, María José.
Llevas el verso en sangre, sin duda,
y ese aroma de sándalo que esparces, que me hace olvidar que soy madera.

Abrazo.

Elsa dijo...

A veces cuantificar una despedida se convierte en bumerán para el emisor,
salvo que sea una "espiración".
Lo comento en lenguaje coloquial (sic)

Silvana Pressacco dijo...

leerte es leer siempre poemas, hasta en las respuestas.
Cuando dialogas también lo haces en verso?
Suena tan natural lo que escribes, no hay un solo apretón, ni una palabra metida empujando, nunca un indio comiendo los artículos... maravilloso y ese "me haces olvidar que soy madera" me mató! jajaja
Cariños amigo!

Manuel Martínez Barcia dijo...

Igual sea un golpe de viento hacia fuera, Elsa, una tos sin llegar a resfriado...

Beso.

Manuel Martínez Barcia dijo...

Silvana,

Hablando de indios, ya quemaba Groucho el Oeste en un tren gritando: Más madera! jaja


Gracias por venir y ser aliento.

Abrazo.