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Voy a extender los días con la lengua en tu nombre
y el fruto que perdura entre mis labios
de ardientes amapolas.
Ha sangrado tu voz
la tibia soledad de nuestra piel
y la respiro
y la oigo gemir
bajo un llanto incesante,
todo diluvio en ti;
soy náufrago en la noche
y tú siempre amaneces
y me salvas.
Manuel M. Barcia
La templanza
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Porque siempre supiste que a ti vendría el caudal
inmenso de un río voraz, con las olas del estupor
en procesión de espumas, o el alud del pánico
que...
Hace 15 minutos
4 comentarios:
Precioso poema, Manuel. Como siempre, te lo aplaudo.
Un abrazo.
Suave lectura.
un abrazo
Simbólica y contradictoria como el amor, esa voz que sangra y gime y amanece y salva de naufragios personales.
Por aquí ando, Manuel, perdiéndome en los archivos. Hay mucho interesante y hermoso.
Abrazo.
Amanecer para ser salvado, un hermoso sentimiento éste.
Un abrazo
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