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Apenas la pulsión del vientre que se abre;
el instinto perenne que aprisiona
nuestra mitología.
Rehacerte vital
en lo salvaje del deseo,
el placer de los dioses,
huellas de plenitud
y laberinto
... mientras arde la lluvia.
Manuel M. Barcia
La templanza
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Porque siempre supiste que a ti vendría el caudal
inmenso de un río voraz, con las olas del estupor
en procesión de espumas, o el alud del pánico
que...
Hace 15 minutos
4 comentarios:
No hay lluvia capaz de arder sino esa:
La del deseo.
Otro beso.
El deseo puede llegar a ser todo lo salvaje que queramos, es un torrente que se lleva todo por delante.
Un abrazo
El último verso ¡apoteosico¡
Un abrazo.
Todos los poemas son muy bonitos, tienen una extensión perfecta para la vista y los sentidos. Gracias por tu creación, he disfrutado mucho con todos, pero este... ¡este es el mejor!
un saludo
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