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Quise abrir los cerrojos del alma,
mirar quién soy, saber si fuimos sueño,
para determinar
los instantes sombríos,
o aquella luz que hemos sido siempre:
las noches que vendrán, pasión y madrugada.
Era una puerta herida,
cerrándose, como el dolor se cierra,
condenada a ser huella de lo eterno,
ese último umbral de los que aman,
cicatriz sin remedio.
Manuel M. Barcia
Ante los muertos de mis deseos
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Una caricia,
una mirada,
y un sinfín de palabras
para versar tu presencia.
Un arcoíris de ilusiones
y un beso imaginario
en la merienda ...
Hace 5 horas
2 comentarios:
Es bellísima.. dulce... muy dulce..
un saludo... gracias por tu paso por mI Mirada... siempre es agradable recibir nuevos amigos..
Al alma jamás hay que ponerle cerrojos.
Es casi lo único que tenemos libre capaz de escalar incansable...
Un beso.
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