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Nunca deja de arder
la interminable fuerza de tu llama.
El fuego de los dos no es otra cosa
que la inútil pulsión de ser iridiscente,
como luz boreal
atrapada en lo insomne de los cielos.
Inmersa en su fulgor
escuchas otras voces,
los ecos del delirio
y a mí en Prometeo.
Es fácil confundir a las certezas,
saberte diosa
transformada en mujer enfebrecida
que amanece y me quema.
Manuel M. Barcia
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Hace 1 hora
4 comentarios:
Los amores pasionales pueden llegar a quemarse en su propia llama. Pero aún así, no hay nada como el fuego de una diosa en tu corazón.
Un abrazo.
La vemos diosa, la vemos fuego, la vemos hermosa...
Sensual y hermoso poema Manuel!
Saludos
Bellísimo, Manuel.
Te dejo un beso
Ana
es un honor para mi tenerte entre mis blogs preferidos, por eso eres el blog de la semana, en mi espacio Notas de Campo Íntimas...
un saludo
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