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Quise abrir los cerrojos del alma,
mirar quién soy, saber si fuimos sueño,
para determinar
los instantes sombríos,
o aquella luz que hemos sido siempre:
las noches que vendrán, pasión y madrugada.
Era una puerta herida,
cerrándose, como el dolor se cierra,
condenada a ser huella de lo eterno,
ese último umbral de los que aman,
cicatriz sin remedio.
Manuel M. Barcia
Poema del día: "Elegía en memoria de Mrs. Virginia Woolf", de Sidney Keyes
(Gran Bretaña, 1922-1943)
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Desventurada dama, donde el blanco ranúnculo
da inútiles guirnaldas, con estrellas de flores
ajadas, yace al fondo, duerme, sin fieros vientos
de las pugna...
Hace 10 horas
2 comentarios:
Es bellísima.. dulce... muy dulce..
un saludo... gracias por tu paso por mI Mirada... siempre es agradable recibir nuevos amigos..
Al alma jamás hay que ponerle cerrojos.
Es casi lo único que tenemos libre capaz de escalar incansable...
Un beso.
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