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miércoles, 6 de junio de 2012

ESLABÓN DEL HAIKU. LA CADENA



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I

Una sílaba 
sería suficiente
para que existas.

(y no importa el ardor con que rejuvenece las palabras tendidas de un poema)


II

En la palabra
somos alma de un dios.
Y su presagio.


III

... O aquellos vientos
capaces de latir
las sensaciones.


IV

Largos silencios
discurren mientras lees.
Sólo te observo.


V

Está la noche
prisionera en la luces.
Yo sueño en ellas.


VI

Bajo la luna
pensamientos de ti.
Mi calendario.


VII

A veces pienso...
si no fuera mejor
deshabitarte. 


VIII

En la penumbra
soñábamos los dos.
Luz y poema.


IX

De cada estrofa
como entre paréntesis:
sola eras tú.


X

¡Tan libre y mía!,
anónima, invisible:
Amor de sombras.


XI

Miles de besos
comulgan en tu piel
nuestro estiaje.


XII

Sueño, la umbría.
Así era la luz
antes de amarte.


XIII

Blancas palabras,
o el roce unos labios
mudos de ti...


XIV

Sabe tu nombre
a beso y epifanía:
Revelación.


XV

Tinta por sangre
y yo tu esclavitud
en el poema.


XVI

Agua en el aire,
o el rito de nacer
entre tus versos.


XVII

Está la rosa
en un cáliz de sed,
Bebo tus labios.


XVIII


Sonríes fuego
con embrujo de mí.
Soy tu memoria.


XIX

Contra nosotros
recitas libertad.
Tan dulcemente...


XX

Luz en la arena.
¿Podría embotellar
tu pensamiento?


XXI

El mar, la pluma.
Y yo Juan Gaviota,
vuelo rasante.


XXII


Tú me engullías
atropelladamente, 
ola tras ola..


XXIII

No fue posible.
Tu viento era fugaz
y mi ala rota.


XXIV

Hurto del aire
un pájaro que vuela
y escribo: Fin!


XXV

Velos y llamas
en la carbonería.
Tu alma se fue


XXVI

Los dos, palabras, 
comprendían los versos
nuestra existencia.


XXVII

Con la poesía
se puede ver tu luz.
Entre las sombras.


XXVIII

Fechas silentes
y yo en tu deriva,
Pieles al viento.


XXIX

Cada estación
brota esencias de ti.
Nuevas fronteras.


XXX

Tú y la rosa
como un edén abierto
de primavera.


XXXI

Llueven los versos
y tu risa que aflora
tras el deshielo.


XXXII

Esclava y libre
seguía en pie tu voz.
Grito y memoria.


XXXIII

Luego silencio...
acaso aún estés,
pura y solemne,


XXXIV

Y de mi sueño
quisimos despertar
amaneceres.






-Mi agradecimiento a la poeta Dolors Alberola por su colaboración en estos versos-



Manuel M. Barcia



10 comentarios:

Lady_Celeste dijo...

!!Hola ,Manuel!!

Son hermosos,verderamente bellos.
Estos versos me llevan a la ensoñacion.Magnificos.

Sabe tu nombre
a beso y epifanía:
Revelación.

Tinta por sangre
y yo tu esclavitud
en el poema.

Ardiendo en el aire,
o el rito de nacer
entre tus versos.

Gracias por dejar plasmada tanta vida.Muchos besos,Manuel.Buenas noches.

Paloma Corrales dijo...

Grande, Manuel.

Enhorabuena.

Amelia dijo...

Cachitos de vida en unos versos.

Muy bonito.

Un abrazo

Marinel dijo...

Qué belleza de versos encadenados con sutil delicadeza y sin embargo reflejando sentimientos cargados de pasión.
Me encantaron de principio a fin.
Enhorabuena a ambos.
Besos.

Andrea García Baretti dijo...

Leerte es un placer y un aprendizaje.

Gracias por lo que compartes :)

Manuel Martínez Barcia dijo...

Gracias por verter tanta luz en el poema, Celeste.

Un beso

Manuel Martínez Barcia dijo...

Tú sí que eres enorme, Paloma.

Gracias por el regalo de tu vuelo.

Un beso.

Manuel Martínez Barcia dijo...

Gracias por este trozo grande de ti, Amelia.

Un beso.

Manuel Martínez Barcia dijo...

Gracias por la parte que me toca, Marinel, aunque no tendrían vida estos haikus sin ella.

Un beso.

Manuel Martínez Barcia dijo...

Gracias a ti por leerme, Andrea. Y por existir en poesía.

Un beso.