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Apostamos a impares en el rojo,
por ver si la ruleta
unía con pasión nuestras mitades,
para que alguna vez se detuviera
el juego que giraba en nuestros sueños
color de mezquindad.
Acaso aquella suerte
no fuera el corazón de los perdidos.
Y no quiso arriesgarse
en sinos tan oscuros
con señas del amor en su fortuna.
Manuel M. Barcia
El tapiz que bordé
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Desde que vi la luz, sin ninguna conciencia, hilé
con torpes dedos el tapiz que hoy conforma mi vida;
la tela desnuda, en blancor virgen, recibió la p...
Hace 17 horas
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