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El frío de la noche acude a mí;
apoya en mis hombros su luz inacabada,
- para justificarme -,
resumen de los siglos, pulso de la conciencia.
Y un pájaro caerá
con gélido pulmón bajo sus plumas,
sin que nadie añore su aleteo
mortal dentro del aire.
Un árbol se retuerce de dolor,
abrazado a la sombra,
estéril el desierto en su raíz,
sin que nadie alivie su tristeza.
La nieve no conoce los veranos;
la edad de los glaciares
tiembla la soledad de su destino
sin que nadie ilumine su quietud.
Quizás aún quede un mundo que cuidar,
relojes que se puedan detener
con tiempo de ternura en la mirada
antes que el plazo acabe.
La tierra fluye desde el universo,
salvaje, virginal,
y siempre verdiazul
a pesar de su muerte innecesaria.
Manuel M. Barcia
Hora punta
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Ningún taxi en la parada.
El autobús va lleno y no hay otro en un buen rato.
A pie son alrededor
de cuarenta y cinco minutos.
Así que a caminar....
Hace 13 horas
4 comentarios:
Pulso del ser en la noche,durante el tiempo en el que la naturaleza herida clama por la necesaria ternura.
Un abrazo,Manuel.
Elsa.
Pulso de belleza en tu palabra, Manuel.
Un beso
Ana
Gracias por acompañar esta plegaria de reencuentros, Elsa.
Un abrazo
Manuel
Gracias por tu yin en mi conciencia, meiga.
Un beso
Manuel
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