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Mi piel era sentido de mujer
y el agua que fermenta en el deseo.
De labios con ardor inextinguible
me diste ambrosía para un dios
a cambio de un poema.
¿Es lluvia el espejo de la sed?
Acaso mi temblor
no pueda escribirse con palabras,
ni ser en tu mirada goteante
océano de luz.
Tal vez fuese alabastro de Nereida
y tú tan sólo miel,
o la ninfa del fuego
que me ardía...
Manuel M. Barcia
Tres son multitud
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Tú y yo los únicos pasajeros
en el vagón de un tren de cercanías.
Ningún cliente mas que tú y yo
en el bar donde nos tomamos unas cañas.
Por l...
Hace 5 horas
2 comentarios:
Sí
Un poema muy intenso
Un beso de meiga
Ana
Gracias por tu esencia de mujer en estos versos, meiga.
Un abrazo
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