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Mi piel era sentido de mujer
y el agua que fermenta en el deseo.
De labios con ardor inextinguible
me diste ambrosía para un dios
a cambio de un poema.
¿Es lluvia el espejo de la sed?
Acaso mi temblor
no pueda escribirse con palabras,
ni ser en tu mirada goteante
océano de luz.
Tal vez fuese alabastro de Nereida
y tú tan sólo miel,
o la ninfa del fuego
que me ardía...
Manuel M. Barcia
La soledad
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La soledad
Llamó al alma
-lodazal, costra,-
ciega y con garras,
arrastrándose por los callejones podridos
de mi silencio.
El amor no can...
Hace 1 día
2 comentarios:
Sí
Un poema muy intenso
Un beso de meiga
Ana
Gracias por tu esencia de mujer en estos versos, meiga.
Un abrazo
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