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Almas resplandecientes
tupían en la furia
los cielos quebrantados por el rayo
y los pies de la escarcha.
Sobrante de la luz
mi piel en tu silueta,
espejo de la sombra inalcanzable,
salvaje casi,
a solas.
Así la certidumbre de la noche
cuando expiran los sueños
y el ángel de lo eterno me conforta.
Tú tejes con pasión
unos guantes de lana,
cabía el invierno entre mis manos,
contigo, amor,
también nuestros ardores.
Manuel M. Barcia
Poema del día: "Canto del iniciado", de Patrice Kayo (Camerún, 1942-2021)
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Todas las mujeres de mi padre
maltrataban a mi madre
Pero sus hijos no sabían danzar
Soy yo quien he ocupado el escabel de mi padre
Y mi madre se...
Hace 3 horas
2 comentarios:
Una noche especial por varios sentidos.
En mis manos cabían todas las primaveras, solo faltaron los guantes para que las espigas no dejen tan profundas huellas.
Un beso
Gracias por dejar tu huella en estos versos.
Un beso.
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