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Yace la ilusión sobre ardientes reflejos
y tú, en su raíz.
Hay genes de memoria que fecundan la luz,
incapaces de olvido,
sentir de corazones, latiendo todavía
los sueños que atestigüan resplandor.
Y éramos semilla de nuestra floración,
en sutiles oasis
de lluvia que manaba en el desierto,
todo feracidad.
Y el verdor de los prados en tu vientre,
lo fértil que ha sido,
eterna su planicie virginal
cuando arábamos vida
y amor puro,
casi.
Manuel M. Barcia
Qué el engaño desnude tu silencio
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Qué el engaño denude tu silencio:
delictiva
de un beso que huye en bicicleta por el espejo.
Así,
a la vuelta del universo
-donde los astr...
Hace 2 horas
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