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Balanceas la duda,
queriendo interpretar lo indescifrable.
Para qué la cadena de falsas intenciones,
la traición en el pacto,
la noche malherida después de alzar el sueño.
Nunca quise saber tu despedida,
cual era el paradero de los tiempos amantes
respirando lo innoble que trae la mezquindad
cuando el viento atraviesa la sed de los temblores.
Tampoco adivinar qué luces amanecen
tras los desasosiegos,
entre mi placidez y tu inútil soberbia.
La edad de los metales ya es historia.
Y el rugido de ávidos leones
que rastrean el mar en busca de sirenas,
el placer de su carne.
No era espina la sangre de la rosa,
tan sólo unas raíces en tu flor
con la huella punzante,
cicatrices de mí extrañamente idas,
el pétalo que vuela.
Manuel M. Barcia
Tu voz
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Te reconozco por el canto y no por la palabra.
No por lo que dices que es común como el aire.
Si en el acento que crea la armonía
donde habita el l...
Hace 10 horas
2 comentarios:
Sin duda... punzante.
Por qué será que duele tanto?
Besos
Será porque no hay decálogos de luz que la silencien...
Un beso
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