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Expía nuestra culpa
en el lento placer de lo que ardemos.
La paz invulnerable
de todo el furor que nos incita,
aguaceros de mí
que surcan derrotados
la lluvia que te sacia
y nuestra comunión
cuando cesen las huellas del diluvio.
Manuel M. Barcia
El ombligo de mi niñez
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El ombligo de mi niñez
lo anclé como un barco diminuto
entre amapolas que no saben de orillas,
en un rincón que ya no tiene madre,
en el ...
Hace 1 hora
2 comentarios:
Enigmaticamente... Precioso.
Me alegra que te guste, Mavi.
Gracias por tu paso.
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