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sábado, 6 de marzo de 2010

GRACIAS POR LA LUZ



Ansiaba este renuevo de la luz
que tus venas penetran en mi sangre,
para darme la vida,
y alzar del espejismo de la noche
los azules perpetuos
de aquellas primaveras consumidas
en brazos satisfechos de azahar

Y ese cuerpo de ti que no era tuyo
mientras la sed observa
las aguas que al fluir se desvanecen
quemando hasta el vientre las entrañas

En este mar callado
apenas hay caricias
de los ríos que fluyen
su caudal sostenido en plenitud

Sin embargo,
aún navegan las huellas
de aquella calentura de la piel
con las sales licuadas de deseo,
ahora tan ceniza,
tan aliadas al fuego que se olvida...

tan prietas en ti misma al ahogarse.



Manuel M. Barcia

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