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Del tiempo en mis ruinas concebiste
el pulso nigromante del mistral,
parásito en la herencia.
El sueño tan cercano de una niña
fue amor por descubrir,
fulgor de irrealidad tras los espejos.
Y fuimos soledades hacia el sur,
patrimonio de nadie,
sólo genes del viento,
un flujo porvenir de la memoria
y en su vientre
suicidio.
Manuel M. Barcia
Poema del día: "La luz otoñal tras la partida de las golondrinas", de Yang
Hua (Taiwán, 1900-1936)
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I
Las golondrinas se han llevado consigo toda la fuerza vital del mundo.
Lo que queda,
es la luz otoñ...
Hace 17 horas
2 comentarios:
Espléndido y certero.
Besos.
Gracias por tu viento de azul mediterráneo, Paloma.
Un beso
Manuel
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