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Balanceas la duda,
queriendo interpretar lo indescifrable.
Para qué la cadena de falsas intenciones,
la traición en el pacto,
la noche malherida después de alzar el sueño.
Nunca quise saber tu despedida,
cual era el paradero de los tiempos amantes
respirando lo innoble que trae la mezquindad
cuando el viento atraviesa la sed de los temblores.
Tampoco adivinar qué luces amanecen
tras los desasosiegos,
entre mi placidez y tu inútil soberbia.
La edad de los metales ya es historia.
Y el rugido de ávidos leones
que rastrean el mar en busca de sirenas,
el placer de su carne.
No era espina la sangre de la rosa,
tan sólo unas raíces en tu flor
con la huella punzante,
cicatrices de mí extrañamente idas,
el pétalo que vuela.
Manuel M. Barcia
Salmo del Cuerpo Amado
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Bendito sea el placer
de poseerte
y consagrar lo nuestro
como hostia de versos.
¿Qué redención imploro
si tu nombre en mi pensamiento
en...
Hace 2 horas
2 comentarios:
Sin duda... punzante.
Por qué será que duele tanto?
Besos
Será porque no hay decálogos de luz que la silencien...
Un beso
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