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domingo, 13 de julio de 2014

Lo que el ardor me quita



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Sopesas sobre mí las consecuencias
del no ser, me haces luz de los suspiros
que paren soledad y alejamiento
de lo frágil que apenas nos sostiene.

Descansas tu pasión junto a la hondura
que yace los despojos del amor,
como si ambos fuéramos condena
a punto de cumplir desilusiones.

Al despuntar el alba no hay desgarro,
tampoco ningún sol que restituya
instantes de la luna en plenitud,

acaso sea efímera la noche
que nos supo placer
en la celebración más íntima del fuego.




mmb



3 comentarios:

María José Collado dijo...

Todo pasa y su sombra nos deja un regusto a ceniza, el corazón partido de la piedra, una huella pasajera. Un abrazo.

Manuel Martínez Barcia dijo...

Sin embargo, hay huellas imborrables, como siembras de ti, profunda, duradera.

Gracias por venir. Abrazo.

Liz Gallegos dijo...

Los recuerdos y las huellas siempre quedan.

Un beso