Seguidores

sábado, 8 de enero de 2011

HABÍA OTRA MORALEJA



La fábula nos dice
que hubo un flautista en Hamelín,
capaz de recibir en recompensa
cien monedas de oro
por librar la ciudad
de la inquietante plaga de ratones
que insaciables, comían,
el pan de sus despensas sin descanso.

No tuvo, sin embargo, esta leyenda,
moraleja feliz.

Tal vez en la raíz de su misterio,
se puedan encontrar
los niños y las niñas
que fueron secuestrados para siempre
por las notas y cantos
del músico que con oídos sordos
jamás miró hacia atrás.

Dibujo con corcheas de silencio
los símbolos que inundan
esta ausencia de acordes,
tal vez extraviados de la flauta
a priori la ciudad se vaciase.

Y pinto en los vitrales de su iglesia
un ángel salvador
que hizo con sus alas un requiebro
brindando a los dioses su odisea.

No hubo La ni Si, después de Sol,
al fin era la música del cielo.


Manuel M. Barcia

2 comentarios:

Perfecto dijo...

Imaginativo, sencillo en su transcurso. Hermoso poema.
Feliz Año Nuevo
Un abrazo

Manuel Martínez Barcia dijo...

Gracias por tus palabras, Perfecto.

Recuerdo cuando era muy pequeño y mi abuela me contaba este cuento de los hermanos Grimm, a su manera, sobreactuando, ora falutista, ora iracunda multitud, o imitando a las ratas que se ahogaban en un mar de plenitud.

Pero lo que más se ahonda en mis evocaciones, es su cara de tristeza cuando intentaba emular el sonido del silencio después de que los niños fueran contraluz del horizonte...


Me alegra tu presencia en este pseudo-cuento con banda musical en mi memoria.

Un abrazo
Manuel