Seguidores

martes, 4 de enero de 2011

LA PALABRA Y YO



No siempre la poesía
resulta un ejercicio placentero.

Porque algunas palabras contienen sangre propia,
planicies de quietud entre sus venas
que aparentan remanso y mansedumbre
para ocultar adentro su veneno.

Y hay que sortearlas,
haciendo malabares,
sin tropezar con ellas
ni oír su palpitante agonía
cuando son el atajo de renglones vacíos
y atraviesan las páginas escritas
con la tierna mirada
de un ángel proclamado por la muerte.

No es fácil esquivar sus exigencias.

A veces el poeta dispone un sacrificio,
impaciente su mano
por ser ingenuidad del sentimiento:

dócil en su volar, como paloma,
o halcón de la palabra mensajera.


Manuel M. Barcia

No hay comentarios: